En la mayoría de las actividades empresariales es habitual realizar determinadas inversiones e incurrir en una serie de gastos (compra maquinaria, reforma de local, formación promotores, viajes, etc.) antes de iniciar las entregas de bienes o las prestaciones de servicios que constituyen la esencia de la actividad.

Si has tenido dudas sobre cuando se considera iniciada fiscalmente la actividad, cuándo y cómo realizar el Alta en Hacienda, (y, asociada a ésta, la de autónomos), si puedes deducirte esos gastos previos y te has informado por tu cuenta o dirigiéndote a la propia Agencia Tributaria es posible que hayas recibido, en función de a quién preguntes, versiones distintas, incluso contradictorias.

En este post y sucesivos vamos a intentar arrojar un poco de luz sobre estas cuestiones…

Fiscalmente –como se recoge en la Ley del Iva-, la actividad comienza en el momento en que se realizan adquisiciones de bienes y servicios destinados a ser utilizados en dicha actividad y quien los efectúa adquiere la condición de empresario o profesional. En ese instante, al realizar las adquisiciones previas, el empresario o profesional estará obligado a presentar declaración censal (037) para comunicar a la Administración el inicio de actividad. Desde este momento, empiezan a contar las distintas obligaciones tributarias, y es preceptiva el alta en el régimen de autónomos de la Seguridad Social, a pesar de no estar de facto prestando ningún servicio y que el lapso de tiempo hasta que esto suceda pueda dilatarse varios meses.

La deducibilidad de las cuotas de Iva soportadas en los gastos preparatorios previo inicio de la prestación de servicios, se regula en los artículos 111 a 113 de la Ley del Iva. En dichos artículos, la deducibilidad de estas cuotas se condiciona a que las adquisiciones efectuadas que las generan se realicen con la intención, confirmada por medios objetivos, de que su destino sea la realización de actividades empresariales. Y esa intención se podrá acreditar por cualquier medio de prueba admitido en derecho, destacando, entre otros, la naturaleza de los bienes (de uso preferente o exclusivo empresarial), el período razonable transcurrido entre la adquisición y su uso empresarial, la solicitud de autorizaciones o licencias administrativas necesarias para iniciar la actividad, o el propio estricto cumplimiento de los requisitos administrativos y contables exigidos a los empresarios y profesionales como la presentación de la declaración censal anteriormente aludida y la llevanza de los libros registro exigidos por la normativa tributaria de este Impuesto, especialmente el de facturas recibidas.

No obstante, cabe destacar que la falta de presentación de la declaración censal no implica pérdida del derecho a deducir las cuotas soportadas en la fase previa a la entrega de bienes o prestación de servicios, momento al que puede haberse retrasado ineludiblemente la presentación censal. Constituyendo eso sí, una infracción tributaria.

En los siguientes posts de este mismo blog, abordaremos los detalles de esta cuestión.

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